Historia del G-Shock: el reloj que nació lanzándose por la ventana
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Todo empezó con un reloj roto en el suelo. Era a comienzos de los años ochenta, en Japón. A un joven diseñador de Casio llamado Kikuo Ibe se le cayó el reloj que su padre le había regalado al entrar a la secundaria. Golpeó el piso y se hizo pedazos.
Cualquiera habría comprado otro. Ibe hizo algo más raro y, a mi juicio, más hermoso: decidió inventar un reloj que no se rompiera nunca. Como relojero, este es uno de mis cuentos favoritos, porque prueba que la obsesión bien dirigida cambia industrias.
Una propuesta de una sola línea
En 1981, Ibe presentó a Casio una propuesta tan corta que casi parecía un chiste: un reloj que no se rompa si se cae. La aprobaron.
Formó un equipo de ocho personas al que llamó Project Team Tough, algo así como "Equipo Proyecto Resistente". Y se fijó una meta que hoy es leyenda.
La regla del triple 10
El reloj tenía que cumplir tres condiciones:
- 10 metros: sobrevivir a una caída libre desde esa altura.
- 10 bar: resistir el agua hasta 100 metros.
- 10 años: una batería que durara una década.
Lo difícil no era el agua ni la pila. Era la caída. Un reloj es, en esencia, un mecanismo delicado metido en una caja. Y la gravedad no negocia.
El laboratorio era un baño
Aquí viene la parte que me encanta. Ibe no tenía una máquina sofisticada de pruebas de impacto. Tenía una ventana. La del baño del tercer piso del centro de investigación de Casio, a unos diez metros del pavimento.
Envolvía prototipos en goma, los soltaba por la ventana, bajaba a recoger los restos y volvía a empezar. Según él mismo ha contado en entrevistas, lanzó más de 200 prototipos. Algunos eran tan grandes de tanta protección que parecían pelotas. Ninguno aguantaba: si la caja resistía, el módulo de adentro se rompía.
La idea que llegó jugando
Cuando estaba a punto de rendirse, según la historia que el propio Ibe repite, vio a un niño haciendo rebotar una pelota en un parque. Y entendió: el problema no era hacer la caja más dura, sino que el corazón del reloj no recibiera el golpe.
Así nació la estructura de módulo flotante: el mecanismo queda suspendido dentro de la caja, apoyado en pocos puntos y rodeado de material que absorbe el impacto. La caja recibe el golpe; el reloj, casi nada. Es lo mismo que hace tu cerebro dentro del cráneo.
1983: el DW-5000C
En 1983 salió a la venta el primer G-Shock, el DW-5000C. Cuadrado, de resina negra, robusto y nada elegante para el gusto japonés de la época, que prefería relojes ultradelgados.
Hubo quien advirtió a Casio que nada por sobre los 4.000 yenes se vendería; el G-Shock salió a más de 10.000. Al principio lo compraron quienes de verdad lo necesitaban: policías, obreros de la construcción, gente que trabaja con las manos. Después llegaron los skaters, los músicos y la calle. En una década pasó de herramienta a ícono de estilo.
El heredero: el DW-5600
Si quieres tener en la muñeca la silueta del G-Shock original, la serie DW-5600 es su heredera directa: la misma caja cuadrada, la misma pantalla digital, la misma filosofía de no pedir permiso a los golpes. Tenemos el Casio G-Shock DW-5600BBN negro con pantalla negativa, y más modelos en nuestra colección de relojes G-Shock.
Y si te gusta la historia de Casio más allá de la resistencia, mira también nuestra selección de relojes Casio, donde viven clásicos como el F-91W.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa G-Shock?
La G viene de gravedad: un reloj pensado para resistir golpes y caídas.
¿Un G-Shock es de verdad indestructible?
No hay reloj indestructible, pero el G-Shock está diseñado para golpes, vibración y agua que destruirían a la mayoría. Para deportes y trabajos de impacto es de lo mejor que existe.
¿Puedo nadar con un G-Shock?
Los modelos con 200 metros de resistencia al agua sí, pero revisa siempre la indicación de tu modelo. Lo explicamos en nuestra guía de resistencia al agua.
Lo que no se rompe
Lo que más me conmueve de esta historia no es la ingeniería. Es el origen. Ibe no buscaba un producto exitoso: quería que un regalo de su padre nunca más terminara en pedazos.
Un reloj no es solo un instrumento. Es algo que alguien te dio, que te acompañó en años que no vuelven. En Foucault lo resumimos así: el momento es ahora. Y algunos momentos merecen un reloj capaz de sobrevivirlos.