Reloj de mujer con esfera rectangular y números romanos

¿Por qué los relojes usan IIII en vez de IV? El misterio del cuatro

Tu profesora de historia te mintó. O casi. Te enseñó que el cuatro en números romanos se escribe IV. Pero acércate a un reloj de pared antiguo, a una torre de iglesia o a un reloj de pulsera con esfera romana. Muy probablemente leerás otra cosa: IIII.

La primera vez que un cliente me lo señaló, pensó que el reloj venía fallado. No lo estaba. Ese cuatro tiene nombre propio entre relojeros: el cuatro del relojero. Y nadie sabe con certeza por qué existe. Lo que sí tenemos son teorías, algunas sólidas y otras deliciosamente absurdas.

Primero, un poco de contexto romano

Los números romanos se pueden escribir de dos formas. En la aditiva, se suman símbolos: IIII es 1+1+1+1. En la sustractiva, un símbolo menor delante de uno mayor se resta: IV es 5−1.

Lo curioso es que los propios romanos usaban mucho la forma aditiva. La sustractiva se volvió la norma bastante después. Así que IIII no es un invento raro: es una forma antigua que los relojes, simplemente, nunca abandonaron.

Las 5 teorías del cuatro del relojero

1. Por respeto a Júpiter

En latín, el nombre del dios supremo romano se escribía IVPPITER. Escribir IV en un reloj sería como poner las iniciales del dios, y encima de cabeza en la parte baja de la esfera. Suena bien, pero tiene un problema: la forma IV se generalizó mucho después de que alguien adorara a Júpiter. Es la teoría más bonita y la menos probable.

2. Un rey con mal genio

Se cuenta que un relojero presentó un reloj con IV a un rey de Francia, a menudo identificado con Luis XIV, y que el monarca ordenó cambiarlo por IIII. Otras versiones cambian al rey por otro soberano. Que haya tantas versiones ya te dice que probablemente sea leyenda. Pero es de esas que uno quiere creer.

3. Los moldes del fundidor

Esta me parece muy razonable. Cuando los números se fundían en metal, usar IIII hace que la esfera completa necesite cantidades de símbolos I, V y X que se reparten de forma pareja. Eso permite fabricar los números con el mismo molde repetido varias veces, en vez de moldes distintos. Menos trabajo, menos costo. Los artesanos siempre han sido prácticos.

4. Simetría visual

Es la explicación favorita de los diseñadores actuales. Al otro lado de la esfera, frente al cuatro, está el VIII, un número ancho y pesado. Un IV se vería flaco y desbalanceado frente a él. Con IIII, ambos lados pesan parecido y la esfera respira equilibrio. En un objeto que miras decenas de veces al día, esos detalles importan.

5. Para que cualquiera pudiera leerlo

Durante siglos, gran parte de la gente no sabía leer. Contar cuatro palitos es inmediato; entender que una I antes de una V significa restar no lo es. En una torre que debía servir a todo el pueblo, la forma más simple tenía sentido.

La gran excepción: el Big Ben

Toda regla tiene su rebelde. El reloj de la torre del Palacio de Westminster, en Londres, el famoso Big Ben (que en rigor es el nombre de la campana), usa IV. Lo mismo hacen algunas marcas contemporáneas que prefieren la forma escolar.

Y aquí va otro dato para la sobremesa: la mayoría de los relojes que usan IIII sí escriben el nueve como IX, no como VIIII. El cuatro es la gran rareza.

Haz la prueba con tu reloj

Si tienes un reloj con números romanos, míralo ahora. ¿IIII o IV? Ya sabes que ninguno está mal: uno es tradición de relojero y el otro, regla de colegio.

Los números romanos son de los recursos más elegantes de una esfera: convierten un reloj en una pieza casi de joyería. En nuestra tienda hay modelos con esfera romana como el Naviforce NF5050 o el Curren 9081 en cuero blanco, y muchos más en relojes de mujer y en nuestra selección de relojes para regalo.

Preguntas frecuentes

¿Está mal escrito el IIII en un reloj?

No. Es una forma histórica válida y la más tradicional en relojería.

¿Por qué el nueve sí se escribe IX?

Nadie lo sabe con certeza. Es parte del misterio: la tradición conservó la forma aditiva solo para el cuatro.

¿Qué relojes famosos usan IV?

El más conocido es el de la torre del Big Ben en Londres, además de algunas marcas modernas.

Cuatro rayitas

Me gusta pensar que el IIII es una pequeña desobediencia que sobrevivió siglos. Las reglas cambiaron, los colegios enseñaron otra cosa, y los relojeros siguieron trazando sus cuatro rayas, una tras otra, como quien cuenta los días en una pared.

Quizás esa sea la mejor explicación de todas: el tiempo se vive de a uno. Una hora, y otra, y otra más. En Foucault creemos que el momento es ahora, y a veces basta mirar bien una esfera para descubrir que hasta un número tiene historia.

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